Para comenzar, nos gustaría conocer un poco más su empresa. ¿Puede resumirnos brevemente la historia de URBASER?
URBASER es el fruto de la integración de TECMED y URBASER, filiales de servicios medioambientales de dos de los más destacados grupos constructores españoles: ACS y DRAGADOS. URBASER apuesta por dotar a todas sus actividades de tres grandes atributos: especialización tanto de su equipo directivo como de sus equipos técnicos, máxima cualificación tecnológica en sus procesos industriales y el control permanente de la calidad y la seguridad.
¿Qué objetivos a corto y medio plazo tiene URBASER a nivel Internacional?
La empresa busca el afianzamiento de nuestra implantación en las zonas en desarrollo en las que estamos presentes actualmente, principalmente en los países sudamericanos y el Magreb. También deseamos incrementar nuestra presencia en los países del área europea, principalmente en Francia, a través de la filial Urbaser Environnement. Por otro lado, actualmente se está realizando una penetración progresiva en los mercados norteamericanos, en donde se está concursando en un proyecto de Planta Integral en Los Ángeles y nos hemos preclasificado para dos futuros concursos en Chicago y Toronto.
¿Cómo consigue y qué valor añadido aporta URBASER en la adjudicación de una obra tan pionera al unir los procesos de biometanización e incineración?
URBASER ha diseñado, construido y opera actualmente 5 Plantas Integrales, donde todo el residuo en masa es procesado inicialmente para recuperar materiales reciclables y obtener dos flujos de material, una fracción orgánica con una calidad suficiente para compostarse y/o biometanizarse, y una fracción "rechazo" (no aprovechable), con un alto poder calorífico de la que se recupera energía eléctrica y/o térmica, enviándose a vertedero solamente el "residuo del residuo". La capacidad de tratamiento por este conjunto de procesos complementarios es superior a los 2 millones de toneladas anuales de residuos, estando situadas estas Plantas Integrales en España y Francia y con capacidades individuales, en casi todas ellas, que superan las 1.000 t/día de residuo procesado. La Planta Integral de Marsella es el último exponente de esta evolución, habiendo sido diseñada para una capacidad de 460.000 t. anuales.
¿A nivel constructivo, cuál es el aspecto más singular de esta obra?
Sin duda, destaca el impacto que el estudio de sismicidad ha tenido en el cálculo de las cimentaciones profundas. Este hecho, combinado con la presencia del nivel freático a un metro de profundidad y con la geología de la zona, nos ha llevado a tener que realizar más de 35.000 m.l. de pilotes y elementos portantes y 18.000 m2 de muros-pantalla, lo cual no es habitual en este tipo de proyectos. Otra singularidad de este proyecto es que es pionero en la implantación de la Alta Calidad Medioambiental, lo que implica, entre otras medidas, que reciclamos prácticamente todos los residuos que se producen durante la construcción. Finalmente destacaría el esfuerzo que tenemos que realizar en cuanto a la coordinación en el tiempo y en el espacio disponible, con la presencia de más de 27 subcontratistas provenientes de distintos países con distintas culturas de construcción.
Tras su larga trayectoria en el mundo de la Construcción ¿Qué es lo que más le sigue apasionando?
Lo primero que debo aclarar es que conozco muchas trayectorias más largas que la mía. Yo me sigo considerando un principiante en esto. La verdad es que sigo aprendiendo cada día cosas nuevas y distintas maneras de llegar al objetivo final que no es otro que intentar construir bien, en plazo y en precio. El trabajo de un Jefe de Obra (o Director de Proyecto como se le llama ahora) es un trabajo apasionante en sí mismo. El hecho de dirigir una inversión de 350 millones de euros y de tener que hacerlo en 3 años lo hace todavía más apasionante. La clave es saber montar un equipo de personas que te ayuden a conseguir los objetivos. Uno solo, en construcción, es capaz de hacer más bien poco. Un equipo bien motivado y conjuntado es capaz de hacer mucho y muy bien. Cuando salgo a dar una vuelta por la obra, especialmente en los días de viento, lluvia o frío intenso y veo a un hombre, por supuesto con su arnés de seguridad y su casco, colgado de una viga a 40 m. de altura, siento una gratitud inmensa hacia esa persona y siempre creo que sin personas como él, no se podría hacer el proyecto.
Ante la evidente salida de nuestras empresas a otros países, ¿Se prevé un "boom" de la construcción en el exterior? ¿Serán capaces las empresas españolas de absorber la caída de la construcción local con nuevos proyectos internacionales?
La construcción, sin duda es cíclica y además estos ciclos no son del todo coincidentes entre los distintos países, un buen ejemplo lo tenemos en el "boom" actual de China. Yo diría que la clave es la diversificación que las grandes empresas españolas de construcción han acometido en los últimos años, introduciéndose en el mundo de la energía y de los servicios. Este hecho ha conseguido que ya no se vean tan afectadas por los ciclos de construcción. La conjunción de ambos factores nos coloca en una posición inmejorable para aprovechar las oportunidades en el extranjero y buena prueba de ello es que ya somos líderes en concesiones a nivel mundial.






